«El Regalo del Ángel de los Niños». Cuento para el confinamiento.

Hace ya algún tiempo, la Tierra era observada desde el cielo por uno de tantos ángeles que existen allí arriba.

Ese ángel era muy curioso. Siempre se fijaba en los niños y niñas. Observaba cuando jugaban, cómo aprendían en la escuela, cuando reían y también cuando lloraban. Hacía poco que lo habían nombrado ángel y le preguntaron si quería tener alas (pues debéis saber que hay ángeles sin alas y algunos viven aquí entre nosotros). Él dijo que quería tener alas si eso le podía ser de utilidad. Un ángel anciano se puso a reír.

                – ¿No te parece suficiente que las alas te permitan volar? – le dijo aun riendo.

                – Si no me equivoco, y después de todas las clases que me habéis dado para poder ser ángel, todos nos movemos solo con pensarlo. Nos trasladamos donde queremos a la velocidad de la luz. Esas alas que llevas tú son preciosas y enormes, aún más que las de las águilas. Pero, ¿te son necesarias?

                – Me gusta volar como lo hacen los pájaros, me gustan estas plumas tan brillantes. No me son necesarias, pero me encantan y por eso quise tenerlas. Cuando me preguntaron hace mucho tiempo si quería las alas, no lo dudé ni por un instante.

                -Me gustan las alas, pero, ¿podría pedir que hiciesen algo más que volar? Cómo ángel quiero ayudar a los niños y veo que hay mucho trabajo allí abajo. Quizás si con un movimiento de mis alas pudiese ayudarlos desde aquí, sin tener que ir y venir, me ahorraría trabajo.

                – ¡Ja, ja, ja, ja! -reía el ángel maestro. -De acuerdo. Eres muy práctico. ¿Qué tienes pensado?

                – Quiero unas alas que cuando las mueva hacia adelante y aplauda con ellas tres veces, consiga concederles un deseo de alma a muchos niños y niñas a la vez. Algo que todos ellos deseen mucho y que ello les ayude a estar mejor.

                – Bien. Concedido. Aquí las tienes -respondió el asombrado ángel mayor, mientras aparecían unas bellas y enormes alas en la espalda del angelito.

Dibujo de mi sobrinita Iris
Dibujo de mi sobrinita Iris

El nuevo ángel se dispuso a hacer lo que más le gustaba. Vigilar a los niños y ayudarlos en lo que pudiese. Desde una nube observó un hospital donde había muchos niños y niñas enfermos. Los veía tristes. Se puso de pie encima de la nube, desplegó sus alas y las movió hacia adelante tres veces para que se tocaran entre sí. Eran como aplausos, pero al ser plumas sonaban de una forma muy dulce, celestial. Ese sonido despertó a muchos ángeles dormilones de la zona y fueron a cotillear para ver qué estaba haciendo ese nuevo con sus alas.

Él seguía concentrado y al terminar el tercer “aplauso plumífero” dijo: “Os regalo unas risas”.

En ese momento, en la planta infantil del hospital llegaron unos payasos y magos. Entraban en cada habitación y hacían sus payasadas o trucos de magia. Aquellos niños, desde sus camas, rieron y disfrutaron un buen rato. Incluso aprendieron algún truco de magia para después hacerlo entre ellos.

Los ángeles espías sonrieron y se fueron a hacer sus tareas. Alguno intentó hacer lo mismo con sus alas, pero no le salió.

Pronto fue conocido como el ángel de los aplausos, pero eso a él no le gustaba. Siempre quería pasar desapercibido y gran parte de su tiempo solo pensaba en cómo ayudar a más niños.

Un día, algo grave pasó en la Tierra. Un bichito que lo llamaron virus se esparcía rápidamente por todos los países y los mayores estaban preocupados porque eso podía afectar a la salud y estar unos días enfermos. Muchos niños sentían ese miedo de sus papás, mamás, abuelos… Lo sentían en todos. Y eso los ponía tristes, enfadados y más nerviosos sin darse cuenta. Estaban inquietos e incluso lo notaban en sus maestros y maestras de la escuela. Necesitaban más abrazos y besos de sus padres, estar más con ellos para sentirse más seguros.

Entonces el Ángel de los Niños tuvo una idea. Sabía que la situación de ese bichito duraría un tiempo y no quería ver a tantos niños preocupados. Sabía también que las sonrisas de los niños son esenciales en la Tierra, pues son el alimento del alma de muchos mayores, en especial para aquellos que olvidaron sonreír y jugar.              

Se puso de pie, batió tres veces sus alas hacia adelante y dijo: “Que todos los niños y niñas disfruten de más tiempo con su familia”. Entonces, pasó algo. Los Gobiernos de cada país dijeron que hasta que ese bichito que corría por el mundo se cansara de querer jugar al “corre, corre que te pillo” con todos, los niños y niñas debían dejar de ir a la escuela y a la calle y estar con su familia en casa. También muchos papás y mamás tenían que dejar sus trabajos y quedarse en casa, o trabajar desde casa hasta que el bichito se cansase y desapareciera.

¡Qué fiesta para los niños! El ángel observaba lo contentos que estaban al ver que los mayores ahora tenían tiempo para ellos, aunque también veía que echaban de menos poder salir a los parques a jugar o a ver sus amigos. Pero sabía que aquello pronto pasaría y que ahora era muy importante que todos los niños y niñas y papás y mamás se sonriesen y abrazasen en casa. Era un regalo muy especial no solo para los niños. Sabía que los mayores valorarían ese tiempo encerrados y se darían cuenta del valor de sentir un hogar más que una casa. Los adultos iban a aprender muchas cosas de la vida.

El ángel sonreía cada día y les enviaba ánimos a todos. Ahora veía cada día como muchos mayores y pequeños salían al balcón o a la ventana a aplaudir, aunque sin alas. Aplaudían a todos los que se encargaban de cuidar a enfermos y a personas necesitadas. ¡Qué hermoso se veía aquello desde arriba!

Un día escuchó detrás suyo el batir de miles de alas y el precioso sonido que emitían esas brillantes plumas al tocarse entre ellas. Se giró y vio a sus hermanos ángeles aplaudirle a él. Había muchos. Se llenó tanto de ese amor que sus alas se volvieron brillantes como el sol y su sonrisa aún se percibe en todas partes, especialmente en aquellos corazones que, aunque se ven aún envueltos de nubes grises, se acuerdan de algunos regalos… resplandeciendo así más que nunca.

Autora: Sonia Coll

Nota: Un cuento inspirado por una persona muy especial que vive eternamente en mi corazón. Escrito para los niños y niñas (y no tan niños y niñas), en esta época de reclusión y que tanto les puede costar a muchos. Un abrazo enorme… y que batan las alas sin parar.

12 comentarios en ««El Regalo del Ángel de los Niños». Cuento para el confinamiento.»

  1. Si…. fill, el nostre Ángel, ba passar de puntentes sensa fer masa suroll , pro sempre al sentirem, sigui movent aquestes presiones ales, o recordant la seva rialla , el meu pensament amb tu, aquet conta ajudarà a molts nens, no u duptis pas.

    L’avia

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  2. Gràcies Sònia. Un conte molt encertat. Cada dia pensem en aquest àngel, doncs des de la masia el vespre veiem un cel estrellat i sempre en fixem amb l’estrella que brilla més. Una abraçada.
    Joan i Magda

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  3. Cada vegada que el rellegeixo, el so de les paraules em fan sentir aquest àngel tan aprop. La seva estela ens acompanyarà sempre.
    Gràcies Sònia per fer un conte tan bonic. Esperem que ilumini a molt nens i molt adults!!!

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  4. Tú sensibilidad es magnífica al captar este momento que estamos viviendo. Eloi, como Ángel que era siempre ayudará a los niños y a todos los demás. Un fuerte abrazo.

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